La Capilla de Nuestra Madre a través de la estampa del s. XVIII que se conserva en la parroquia de san Vicente
 
 

Extractado del artículo “LA ESTAMPA DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS DE ZAMORA” de José Ángel Rivera de las Heras publicado en la revista Barandales en el número del año 1995 (pág 55-58).


(...) La (estampa) que aquí estudiamos representa el interior de la capilla de Nuestra Señora de las Angustias, edifica­da en el lado norte de la iglesia de san Vicente de Zamora. La plancha de cobre, de 550 x 391 mm., fue abierta en Sevilla en 1741 y actualmente se conserva en el museo parroquial de la iglesia citada.

Según la documentación conservada, la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias adquirió en 1585 unos solares con el fin de construir una capilla, impo­niendo sobre ellos un fuero perpetuo de 500 maravedíes anuales a favor de la fábrica de san Vicente.

En 1602, por carecer de medios económicos para financiar la obra ya comenzada, los ven­dió a doña Francisca Velázquez, viuda del tesorero de las alcabalas reales de la ciu­dad, don Juan de Zamora Meléndez. Un año después se concertó la obra de alba­ñilería y cantería con los maestros tras­meranos Juan de Villavocilla y Juan de Rubayo, y la de carpintería con el maes­tro Bartolomé de Oviedo, terminando la construcción al año siguiente.

En 1698, dado que amenazaba ruina, la capilla fue reedificada, trabajando en ella los maestros de cantería Diego Carrascal y Manuel de Barcia. Fue entonces cuando se levantaron nuevas paredes y las bóvedas de yeso que aún hoy voltean, imitando las que había reali­zado tres años antes en la nave de la parroquial el albañil Alberto López.

Sobre la capilla ejercieron su patronato los vizcondes de Garci-Grande, quienes sostuvieron a lo largo del tiempo diversos pleitos con la cofradía.

El primer retablo que tuvo la capilla fue ajustado en 1603 por doña Francisca Velázquez con el ensamblador zamorano Juan González y el escultor luso Gaspar de Acosta. Duró poco tiempo, pues en 1680 se asentó uno nuevo, a la par que se realizó el camarín y diversas obras en la capilla, a cuyo término se celebraron diversos actos religiosos.

Ocupa la parte central de la estampa el retablo mayor de la capilla, barroco, compuesto por banco, un solo piso -te­trástilo- con tres calles y ático. La calle principal alberga la antigua imagen de Nuestra Señora de las Angustias. La figura de la Virgen va vestida con túnica, toca y manto y ceñida con corona con halo de rayos. En el regazo acoge con sus manos el cuerpo inerte de su Hijo. Tras ellos se sitúa la cruz con el sudario pendiente del travesaño. A ambos lados aparecen dos angelitos portando sendos candeleros y otros dos junto a la peana. Las calles laterales, flanqueadas por columnas salomónicas decoradas con motivos vegetales en sus espiras, acogen dos lienzos pintados con los temas del Buen Pastor (lado del evangelio) y de la imposición de la casulla a. san Ildefonso (lado de la epístola). El ático, semicircular, contiene en su centro el lienzo del des­cendimiento. El banco está decorado con abundante cardina, aunque en la realidad los paños que van entre los pedestales albergan los lienzos de la coronación de la Virgen por la Trinidad (lado del evan­gelio) y del empadronamiento en Belén (lado de la epístola). Bajo la predela, y apeado sobre dos gradas, se sitúa el altar, que tiene un frontal con marco de made­ra y campo de tela con el monograma mariano en su centro; sobre él hay dos candeleros, una cruz y una sacra.

Los enlucidos paramentos laterales presentan cinco hornacinas, con bajas celosías, que cobijan otras tantas imáge­nes: en el lado del evangelio el Ecce Horno y la Soledad y en el de la epístola la Verónica, Cristo con la cruz a cuestas y otra que puede tratarse de san Vicente Ferrer. Tras las pilastras que sostienen el arco triunfal penden dos lámparas de brazos que bien podrían ser las «dos arañas de plata» que donó a la imagen en su testa­mento, fechado en 1703, Isabel de Morales, esposa del platero zamorano Lucas Franco. Franqueado el cancel que limita el solado, embutida en la pilastra del lado del evangelio, hay una pila de agua bendita con taza gallonada. La perspectiva permite ver la bóveda de la capilla, de cascarón, con labores geométricas de yesería, así como el intra­dós del arco, con casetones, y su rosca, con figuras de angelitos asidos del corti­nón que, a modo de festón, cae lateral­mente desde un pequeño pabellón situado en la clave y que cubre una representa­ción de la cruz con sudario. Fuera del arco, en los ángulos de la estampa, apa­recen las figuras de otros dos angelitos que portan instrumentos de la Pasión (martillo y tenazas). (...)